Las llamas y las alpacas encantan a mucha gente, sobre todo sus potros, que con su pelaje esponjoso y sus grandes ojos parecen animales de peluche llenos de vida. Sin embargo, es precisamente aquí donde se impone la prudencia: los primeros meses de vida son cruciales para determinar si un animal joven se convertirá más adelante en un compañero equilibrado o en un animal problemático que se comporta mal. En este artículo descubrirá por qué es tan importante la distancia y cómo debe ser un manejo responsable.

Los 6 primeros meses: la impronta en el rebaño

Los potros de llama y alpaca, conocidos como crías, son especialmente sensibles durante sus primeros seis meses de vida. Durante este tiempo, aprenden de su madre y su rebaño todo lo que necesitan para un comportamiento social sano: Distancia, límites, jerarquía y un sutil lenguaje corporal.

Si los humanos intervienen demasiado durante esta fase -por ejemplo, acariciando, levantando o mimando constantemente-, el animal joven puede percibir a los humanos como congéneres. En el peor de los casos, se desarrolla el llamado „síndrome del dueño“ (síndrome del macho loco), en el que los animales se vuelven más tarde agresivos, prepotentes o peligrosos hacia los humanos.

Por qué la moderación es responsabilidad

Por muy tentador que resulte acariciar a un potro curioso, demasiada cercanía perturba el vínculo natural con la madre y la manada. Esto nos expone a problemas de comportamiento a largo plazo, a menudo por afecto bienintencionado.

Actuar con responsabilidad significa, por tanto, observar en lugar de tocar. Los animales jóvenes deben tener una experiencia positiva con las personas, pero a una distancia prudencial. Esto les permite desarrollar un comportamiento social sano y seguir trabajando con las personas de forma confiada más adelante.

Por qué las llamas y las alpacas no son animales de peluche

Ni siquiera las llamas y alpacas adultas son animales tan mimosos como los perros o los gatos. Les gusta estar cerca de los humanos a su manera, más bien reservada. No se acicalan unos a otros y las madres no lamen a sus crías: simplemente no conocen este tipo de contacto físico.

Si constantemente queremos abrazarles o cogerles en brazos, estamos sobrepasando su zona de confort. Esto puede provocar estrés, comportamientos defensivos o, en el peor de los casos, situaciones peligrosas.

Comportamiento correcto al manipular llamas y alpacas

Respeta la distancia individual: cada animal tiene su propia zona de confort. En el prado: mirar sí, tocar no, sobre todo con animales jóvenes.

Observe el lenguaje corporal: un animal relajado indica por sí mismo que está preparado para acercarse. Las orejas gachas, la cabeza levantada o el comportamiento evasivo indican claramente que es demasiado.

Paciencia y calma: quienes se comporten con calma, previsibilidad y respeto serán recompensados con confianza. Mantenga las manos en el cuerpo: para llamas y alpacas, las manos son inicialmente „herramientas“, no instrumentos para acariciar. En cambio, un beso cauteloso en la nariz puede ser aceptable.

Conclusión y mensaje a los visitantes

Las llamas y alpacas jóvenes en los pastos están para observarlas, no para tocarlas. Incluso si un potro curioso se acerca a ti por voluntad propia, es importante mantener las distancias y no tocarlo. Todos y cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad de velar por que los animales se críen en buen estado de salud.

Sólo si respetamos sus necesidades podrán convertirse más adelante en compañeros equilibrados y amistosos en las excursiones con llamas o alpacas, y los experimentaremos como realmente son: como criaturas sensibles y fascinantes con su propia forma de mostrar cercanía.

Manténgase al día

Suscríbase a nuestro boletín y no se pierda nunca los últimos artículos, blogs de expertos, su negocio de manera eficaz.