En mis encuentros con camellos, compruebo una y otra vez lo mucho que los humanos intentamos persuadir con palabras, tanto en conversaciones con animales como en reuniones o citas con clientes. Pero los camellos no responden a los argumentos, sino a la presencia. Esta es una lección silenciosa pero poderosa para nuestra vida cotidiana (de negocios).
Cuando las palabras ya no ayudan
Muchos participantes sólo se dan cuenta de cuánto se aferran al lenguaje cuando entran en contacto con el camello: explicando, discutiendo, aplacando. Pero el animal se detiene, mira hacia otro lado o no les sigue la corriente. En esos momentos, les invito a detenerse un instante: ¿Cómo estoy ahora? ¿Cómo respiro? ¿Qué irradio? ¿Qué quiero conseguir realmente?
Se trata de tomarse en serio a uno mismo. Sólo cuando tengo las cosas claras por dentro puede llegar mi mensaje, tanto al camello como a la gente.
Presencia en lugar de argumentos
Los camellos no reaccionan a nuestras palabras, sino a nuestra presencia. Perciben si estamos realmente con nosotros mismos, si nuestro cuerpo está despejado, enraizado y es auténtico. En cuanto dejamos de hablar y empezamos a estar ahí con todo nuestro ser, algo cambia: el camello se vuelve más atento, más cooperativo, la conexión se hace tangible.
Esta experiencia suele ser más eficaz que cualquier ejercicio teórico porque la respuesta del animal es inmediata y sin adulterar.
Transferencia a la vida cotidiana (empresarial)
En la vida profesional ocurre algo parecido: compañeros, clientes o empleados pueden percibir si estamos realmente presentes. Si nuestro lenguaje corporal coincide con lo que decimos. La confianza y el impacto no se crean con argumentos perfectamente formulados, sino con un carisma y una actitud interior coherentes.
Cualquiera que haya aprendido a ser claro y al mismo tiempo apreciativo con un camello se lleva automáticamente esta habilidad a las reuniones, negociaciones y conversaciones difíciles.
Mi impulso para su próxima conversación
Antes de tu próxima conversación, ya sea en la oficina, en una reunión o en privado, tómate un momento para volver a ti mismo. Siente el suelo bajo tus pies, respira hondo. Baje los hombros, enderécese sin tensarse. Simplemente, esté presente antes de hablar.
Te darás cuenta: No son sólo las palabras las que crean conexión y confianza, sino tu actitud interior y tu carisma. Esta es la lección silenciosa que puede enseñarnos un camello y que a menudo marca la diferencia en la vida (empresarial) cotidiana.




